Seamos Uno
julio 13th, 2011 § 1 comentario

Desde siempre hemos escuchado sobre la importancia de la unidad en la iglesia, específicamente en los cristianos que son la iglesia y el Cuerpo de Cristo. Resulta paradójico ver como muchas veces ocurre todo lo contrario, y cada día más personas se dividen principalmente por diferencias de opinión y asuntos personales, dejando de esta manera a un lado el verdadero propósito y deseo del corazón de Dios de que seamos uno.
Una de las últimas oraciones que Jesús hizo junto a sus discípulos, tuvo este tema como el centro de esa conversación entre Jesús y el Padre. Así lo detalla Juan 17 mencionándolo en varias ocasiones.
Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros. (verso 11)
En este pasaje Jesús destaca la situación a la que ellos se iban a ver enfrentados; no serían tiempos fáciles luego de su crucifixión y partida y después de tres años y medio junto a ellos había llegado el momento de no volver a estar físicamente juntos, y los discípulos debían ser suficientemente fuertes y maduros para seguir adelante aún sin su maestro. Por esto Jesús le pide al Padre que los guarde de las cosas del mundo, de la tentación, de la murmuración, de la enemistad y las palabrerías del mundo, las contiendas y las divisiones del mundo, Él sabía que estarían expuestos a todas estas cosas y que ahora debían tomar decisiones importantes para mantenerse unidos.
Hasta el día de hoy esta oración está vigente para los hijos de Dios. Así como esos doce estaban expuestos a las cosas del mundo, nosotros también lo estamos, pero Dios nos guarda cada día si lo buscamos y nos mantenemos en su nombre, en la roca que es Cristo, que debe ser nuestro fundamento principal.
Jesús también dijo:
…para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. (verso 21 – Biblia de las Américas)
…yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí. (verso 23)
Esto nos recuerda que nuestra meta diaria es SER COMO JESÚS, quien es uno solo con el Padre y de la misma manera si queremos imitarlo debemos ser uno solo en intimidad con Él y también uno solo con su cuerpo al cual pertenecemos; osea, nuestros hermanos, los jóvenes de tu red, los amigos de tu célula, tus pastores y líderes, los hermanos adultos de tu congregación, tu familia, etc. Donde encontremos a un hijo de Dios debemos aprender a ser uno solo con él.
Sin embargo, no es posible ser uno cuando existe murmuración, palabrerías, críticas, enojos, rencores, o cuando no hay voluntad para seguir unido al cuerpo de Cristo en un mismo propósito y visión. Si hay algo que debemos aprender es que nosotros debemos trabajar para ser uno solo, que debemos muchas veces renunciar a nuestros intereses personales para ir en pos de los intereses del Reino de Dios; que es necesario unirnos en la misma visión para ir hacia un mismo lugar, todos juntos como un cuerpo.
Para finalizar quisiera que veamos el cuerpo humano. Éste está compuesto de células vivas en su totalidad, algunas muy similares y otras muy distintas en su composición y función, pero a pesar de esto se mantienen todas unidas, comunicadas y trabajando a cada instante para mantener esa relación y darle vida al cuerpo, que a la vez está lleno de sangre, la cual recorre cada parte del cuerpo, no dejando ningún órgano aislado. La sangre transporta nutrientes a las células, y a la vez se lleva los desechos de éstas, su función es mantener el cuerpo vivo y limpio. Cuando esto no ocurre el cuerpo es afectado y una parte o su totalidad deja de funcionar. De la misma manera es el cuerpo de Cristo, a pesar de nuestras diferencias personales naturales, debemos trabajar unidos por un mismo propósito, y lo más importante recibiendo cada día la vida y la limpieza de la sangre de Jesús, que hará que seamos uno solo, y que nos mantengamos en un mismo propósito recibiendo lo que está en su corazón, en sus pensamientos, y en su mente cada día, esto es su visión y propósitos eternos para todos nosotros, el cuerpo de Cristo.
Lo más hermoso de todo esto es que el mundo creerá en Jesús, cuando lo vea a Él a través de nosotros, en nuestras actitudes, en nuestro amor manifestado en actos, en fidelidad, en unión, en el cuidar los unos de los otros, en la sinceridad y en todo el carácter ce Cristo. Esforcémonos por ser un solo cuerpo.
Dios te bendiga!

me encanto villa encerio fue tan claro me llego demaciado gracias por tus palbras que son dirigidas por su espiritu Santo te quiero villamon