La generación de Ana

octubre 20th, 2011 § Dejar un comentario

Muchas veces nos vemos envueltos dentro de circunstancias que no son las mejores, nos preguntamos hasta cuándo durarán y muchas veces cuestionamos las razones de porqué estamos así. Hay muchas ocasiones en las que llegamos a sentir que Dios se ha olvidado de nosotros.

Este era el caso de Ana quien fue una de las dos esposas de un hombre llamado Elcaná (si, la biblia está llena de nombres raros),  la historia relata que ésta era una mujer que no podía tener hijos, esto hacía que Penina (la otra esposa de Elcaná) se burlara de ella por su condición cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo, incluso cuando una vez al año toda la familia (el esposo, Penina y su manada de hijos y Ana, la sin hijos) subían al lugar en donde se adoraba a Dios. La molestaba tanto que Ana se entristecía hasta llegar al punto de no querer comer.

[break] Es algo así como una telenovela actual, pero hace unas decenas de siglos atrás, seguramente Elcaná se llamaría “Juan Alberto”, Ana se llamaría “María Mercedes” y Penina algo así como “Soraya Montenegro” porque definitivamente nadie que sea malo puede llevar el nombre de Penina, arruinaría el personaje.

Volvamos a nuestra historia. La biblia dice que llegó el día en que nuestra Ana estaba tan triste y afligida que subió al templo y oró a Dios diciendo:

 «Señor Todopoderoso, si te dignas mirar la desdicha de esta sierva tuya y, si en vez de olvidarme, te acuerdas de mí y me concedes un hijo varón, yo te lo entregaré para toda su vida, y nunca se le cortará el cabello.»  (1 Samuel 1:11)

Hay varias preguntas que surgen al leer la oración de Ana. Primero: ¿Dios nos olvida?

En realidad Dios jamás nos olvida , ni nos deja, ni menos aún nos abandona, el salmo 27:10 dice: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, Tú me acogerás”. Sin embargo nuestra protagonista creía lo contrario y vivió todos esos años pensando que era una desdichada, una poca cosa, le hicieron creer que era indigna y que estaba bajo el nivel de todas las demás personas. He visto a muchos que se sienten de la misma manera y estoy seguro que tu también los conoces; o incluso nosotros en nuestro peores momentos llegamos a pensar de esta forma. Pero hay algo que llama mucho la atención y es que  Ana se cansó de ser la desdichada y habló con su creador, con el dueño de todas las cosas pidiéndole un hijo.

¡Adivina qué! Cuenta la historia que  Dios respondió su oración y un año después dió a luz un hijo varón que llamó Samuel, lo que significa algo así como “al Señor se lo pedí”. Pero la historia aun no termina, pasaron algunos años y Ana cumplió la promesa que le había hecho a Dios y llevó su hijo al templo para entregarlo y para que sirva al Señor.

¿Pero como? ¿Quería o no quería un niño? ¿Por qué se deshace de él ahora? 

Sabes qué, puede sonar contradictorio, pero Ana cuando le pidió ese hijo a Dios no lo hizo como cuando alguien pide cualquier cosa. Ana en otras palabra dijo: “Señor permite que yo de a luz un hijo para tu gloria”. Esto es impresionante porque a pesar de haber recibido burlas, a pesar de haber pasado años siendo una estéril, quizás muchas veces vio a otras mujeres como acariciaban a sus hijos, vio como los enseñaban y cuidaban y por años tuvo un sueño en su corazón, soportó las burlas y el desprecio de la gente, pero llegó el momento en el que se dio cuenta que los sueños si no son para la gloria de Dios no son grandes sueños, se dio cuenta que lo que ella había vivido no era nada comparado con los planes que Dios tenía para su vida y su familia. ¿Y sabes que hizo? Dejó que lo más importante en su vida no sea ella, o el recuperar la dignidad, o sus problemas, ni tampoco su sueño, sino Dios mismo, y lo puso a Él en el primer lugar de su corazón.

Pasaron los años y Samuel se convirtió en uno de los más grandes profetas de la historia, un hombre justo que guió al pueblo de Israel en los momentos más difíciles, un hombre que marcó a su generación. La historia además cuenta que Dios bendijo a Ana y tuvo tres hijos y dos hijas más los cuales disfrutó, crió y enseñó.

¿Quieres ser bendecido?

Entonces pon a Dios en el primer lugar de tu corazón, que cada uno de esos sueños que hay en tu corazón sean para la gloria de Dios, desarrolla una vida de oración en donde lo mejor de tu vida se lo entregues a Él. Quizás has tenido una vida difícil, te han herido, o has sentido que Dios se ha olvidado de ti, pero deja a un lado tus imposibilidades y confía una vez más en el que todo lo puede!!

Seamos esa generación que clama a Dios, por algo nuevo, que no solamente busca cosas buenas de Él, sino que desea agradar y bendecir al dador de esas cosas buenas. Dios todo lo tiene, y todo lo puede en tu vida.

¿Cómo comenzó todo?
Fácil, todo comienza con una oración!! Manos a la  obra!!

Palabra compartida por  Pr. Andrés Ovando; Escrito y desarrollado por Jonah Villagrán. 
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